Carta de un viajero

     Jesús Portaña, nacido en Huesca, España, es profesor jubilado de lengua y literatura española y visitó nuestra escuela en su paso por Tandil.

     El día 29 de marzo llegamos a Tandil. Para mi hijo y para mí todo era nuevo, el panorama, el clima, la orientación... íbamos como niños con zapatos nuevos. Después de dar la primera vuelta a vuestra bonita ciudad se hicieron las tres de la tarde y fuimos al colegio. Tenía cierta curiosidad por ver a los alumnos, al colegio, a los profesores, porque he sido profesor durante toda mi vida y quería buscar elementos de comparación entre lo que había vivido en España y lo que era capaz de descubrir allí.

     He de decir que quedé muy gratamente impresionado y me explico con detalle. Cuando llegué los alumnos estaban saliendo, carreritas, risas, persecuciones tontas, pero me impactó el ver que todos llevaban su guardapolvo blanco puesto. Detalle mínimo, tal vez, pero a mí me llamó la atención y lo interpreté como signo de aceptación, de disciplina, de falta de complejos.

     Pasé enseguida a los despachos y observé junto a un ambiente de trabajo serio una sobriedad monacal. Los despachos estaban todos comunicados entre sí lo cual indicaba fácil y abundante intercambio de comunicación entre los distintos elementos del organigrama de la escuela. Observando además la sencillez de las aulas, reflexioné que las máquinas, aparatos y tecnologías no son suficientes, confirmaba una vez más que el elemento fundamental de un aula es el profesor, si tiene medios abundantes mejor, pero si el profesor sabe motivar, entusiasmar, suple con creces todos los medios, por el contrario, si se tienen todos los medios pero falta eso... ilusionar, arrastrar, en el buen sentido de la palabra a los alumnos, los medios no bastan…

     Recorrimos todo el centro recién abandonado por la mayoría de los alumnos y quiero notar tres cosas:

1ª.- Recorrimos todo el Centro, aulas, patios, lavabos...No había ninguna pintada, ni rastro de que las hubiera habido. Esta constatación me sorprendió. Comprendí que estaba en una tierra diferente, que trataba con gente de otro mundo.

2ª.- En un colegio donde han estado todo el día, no recuerdo bien, pero creo que hay más de 200 alumnos, no había papeles en las aulas. Aquella definición de papelera que me enseñaron a mí desde pequeño, allí en vuestro colegio de Tandil, no es verdad: la papelera es un recipiente alrededor del cual se echan los papeles. Pero no sólo las aulas estaban limpias, también los patios. Pensaréis que me fijé en cosas que tienen poca importancia, pero no es así, todo tiene importancia, si estas pequeñas cosas funcionan bien seguro que las más importantes también funcionan bien.

3ª.- Noté también un respeto por el mobiliario que no siempre se tiene. ¡Qué suerte! Vosotros sí, y eso es educación y eso es civismo. Solemos cuidar nuestras cosas pero las que son de todos tenemos tendencia, sino a maltratarlas, por lo menos a descuidarlas.

     Terminaré ya para no cansaros. Resumiendo os diré que me quedé con la sensación de que en vuestra escuela hay disciplina y eso es fundamental. Dentro del colegio cada persona tiene unas obligaciones: dirigir, enseñar, estudiar y si cada uno cumple, el conjunto funciona y funciona bien.