Se presentó el libro “Escuelas Secundarias de Universidades Nacionales Argentinas”

Lunes 11 de noviembre de 2019

Se presentó el libro “Escuelas Secundarias de Universidades Nacionales Argentinas”

Luego del acto de inauguración del encuentro de directivos, se llevó a cabo la presentación del libro “Escuelas Secundarias de Universidades Nacionales Argentinas”, del doctor Tomás Landívar, quien estuvo acompañado en la presentación por elsubsecretario de Educación Media de la UBA, Mariano Ignacio Echenique .

 El libro es el resultado del relevamiento que se inició en el año 2014 a partir de la solicitud realizada desde del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional).

Consiste en el primer relevamiento sistemático sobre distintas variables institucionales que da cuenta de la diversidad de propuestas educativas para el nivel, llevadas adelante por las Universidades Argentinas. Además de datos generales, que por cierto no son conocidos, el lector encontrará en estas páginas algunas reflexiones que interpelan a las instituciones en diferentes cuestiones que hacen a su razón de ser.

De alguna manera, el libro invita a reflexionar sobre el papel de las Universidades en la educación preuniversitaria: no fue esa la intención primera del trabajo, pero sí el resultado del análisis de datos y de los innumerables intercambios realizados con directivos de estas instituciones.

Inicialmente el trabajo pretendió responder a dos preguntas básicas ¿cuántas con las escuelas de nivel Secundario que poseen las Universidades Nacionales? ¿cuáles son las características generales de esas escuelas?  No había respuestas a esas preguntas. Los mismos directivos indicaban cantidades de escuelas que oscilaban entre 40 y 50 establecimientos, tal como se indica en el estudio.

Ante esta situación desde el CIN le encargó a Tomás Landívar un estudio exploratorio que presente los primeros datos comparativos, necesarios para encarar cualquier política en el sector y, claro está, futuras investigaciones.

Los datos se recogieron durante tres años, no fue tarea sencilla obtener la información requerida, sea por indiferencia, sospecha sobre la posible utilización de la misma o resistencia para brindar la información. Al ser Landívar director de la “Escuela Nacional Ernesto Sabato”, de la Universidad Nacional del Centro, pudo vencer las resistencias a través de su participación en diferentes eventos.

“El recorrido fue largo” -señala el autor al presentar el libro en el “41 Encuentro Nacional de Escuelas y Colegios de Nivel Secundario de Universidades Nacionales- y este trabajo exploratorio se convirtió en una investigación, pero no científica inicialmente, sino en una investigación policial que trataba de develar grandes intrigas”

Al no tratarse de un trabajo de investigación académica no hubo encuadres teóricos ni hipótesis definidas con anterioridad. Esto fue un “cartografiado” inicial de la realidad de las escuelas. De hecho, el instrumento de recolección de datos surgió de un consenso inicial entre un grupo de personas en los que sólo participaron cuatro directores de escuelas.  Lo que llevó a decir que en el libro se encontrarán respuestas a preguntas muy interesantes y a otras de poca relevancia pública.

Lo que sí queda claro es que la diversidad de datos disparó reflexiones y nuevas preguntas que aventuran hipótesis de trabajo futuros.

Entre tantos datos encontramos que las escuelas tienen alrededor de 36.000 alumnos, pero tendrían una población superior a los 105.000 si todos los aspirantes para ingresar pudieran hacerlo, pues el 61,18% de los aspirantes no acceden a estos establecimientos. Y aquí las primeras preguntas: ¿Por qué se excluye a tantos alumnos? ¿Por qué tantas familias eligen estas escuelas? ¿No será esta exclusión la razón fundamental que subyace en la idea de que las escuelas son instituciones de calidad? Si todos los aspirantes ingresaran ¿Seguirían siendo escuelas de “calidad”?

También se aborda los diferentes tipos de ingreso (sorteo, examen eliminatorio, etc.) y los propósitos perseguidos por los mismos. La reflexión conduce a repensar sobre distintos tipos de exclusión.

Se presenta gran cantidad de información: acceso a los cargos directivos; distribución de las cargas horarias; existencia y tipo de evaluación del desempeño docente, de evaluación institucional; promoción y repitencia; capacitación docente; sistema Informático de Gestión y Comunicación Institucional; Ciudadanía Universitaria; Equipos de Orientación; etc., etc.

Entre tanta información, se destaca que el 77,55% de los diseños curriculares de las escuelas no son compatibles con los diseños de las jurisdicciones provinciales, lo que al autor le genera varias preguntas “¿Nuestros diseños, superan en calidad a los de las Provincias o quedaron desactualizados? ¿O acaso trabajamos con alumnos que no pertenecen a las jurisdicciones?” 

Al descubrir que el 88,23% de las escuelas no realizan Actividades de Extensión Acreditadas y que el 92,16% no realiza actividades de Investigación Acreditadas se afirma que las escuelas pertenecen a Universidades pero parece ser que no forman parte de la lógica de las mismas. “Desde qué lugar somos innovadores? ¿En qué somos innovadores? ¿Desde dónde podemos desarrollar estrategias teórico metodológicas generalizables si no se hace investigación?

Los datos comienzan a interpelar al autor y a generar diversos planteos que llevaron a la realización de entrevistas a los directivos-rectores en torno a los conceptos que ellos manejaban sobre “Calidad Educativa, Innovación e Inclusión”. Resulta más que llamativo que menos de la mitad de las autoridades accedieron a responder (“ni loca te contesto por escrito lo que preguntás, querés que me echen del … (nombre de la escuela)”. “Querés que te responda lo que yo creo o lo que creen en la escuela?”  (Finalmente respondió lo que pensaba, que obviamente era distinto al pensamiento institucional)”.  “Preguntás sobre la Opinión de los Directivos y te voy a responder, pero no publiques mi nombre ni el de la escuela. En el equipo directivo pensamos bastante parecido pero no es un enfoque compartido por todos los docentes y por la comunidad, tampoco por las autoridades superiores, por lo tanto no pongas mi nombre ni el de la escuela si querés que siga participando en los próximos encuentros”. Directivos de tres establecimientos respondieron solicitando que no se mencionen sus nombres ni el de las escuelas”

Concluido el trabajo después de un amplio recorrido sobre estas y otras tantas indagaciones el autor comienza a formularse preguntas, generadoras de diversas hipótesis investigativas sin duda alguna, tales como

  • “Si la innovación es un valor positivo, o algunas innovaciones al menos, ¿Son nuestras escuelas innovadoras?
  • Como escuelas de Universidades ¿qué ofrecemos de diferente a las propuestas de las jurisdicciones? ¿Algo mejor? ¿mejor para quienes?
  • ¿Por qué la mayoría de nuestros diseños curriculares no se ajustan a las jurisdicciones en las que nos encontramos? Nuestras Jurisdicciones se ajustan a lo prescripto por el Consejo Federal de Educación: ¿Estamos desencajados con la política nacional? ¿tenemos propuestas que superan esos diseños o nos resistimos a pensar otros recorridos?
  • ¿Podemos como escuelas de Universidades no realizar tareas de Investigación ni de extensión?
  • Si no investigamos ¿en qué fundamentamos nuestra “calidad”?  ¿En qué o sobre qué asuntos vamos a hacer extensión? a transferir nuestras prácticas…
  • ¿No investigamos por falta de presupuesto o sencillamente no nos lo preguntamos?
  • La autonomía Universitaria ¿ha promovido nuestra creatividad o ha sido una justificación para rechazar los cambios?
  • Nuestras propuestas pedagógicas están en línea con las demandas y/o necesidades de esta época? Sociales, económicas, políticas.  ¿Están actualizadas?
  • ¿Son nuestras escuelas una alternativa para nuestra sociedad?

 

Sin duda estas preguntas son disparadoras de debates y generarán hipótesis varias.

“Lo que sigue lo voy a decir  con la sola intención de provocarlos para iniciar el debate.  No es que adhiera totalmente a la idea: no investigamos, no hacemos extensión, no disponemos de horas para proyectos especiales con los alumnos, no siempre evaluamos a los docentes, tampoco a nuestra instituciones, nuestros planes de estudio (a juzgar por algunas designaciones de títulos por ej.) no están actualizados, no disponemos de Equipos de Orientación o son insuficientes los recursos asignados a los mismos, seleccionamos a los alumnos, etc. ¿Qué estamos ofreciendo? ¿En dónde radica nuestra fortaleza? ¿cuál es nuestra función o razón de ser hoy, 2019, en este país, con estas problemáticas?”, se cuestiona el autor.